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Sonrisa

cbley

Estaba mirando algo en youtube, goles o un videoclip, cuando alguien, en otro escritorio más allá, redactaba un mail bastante largo. Sonó el teléfono pero nadie se paraba a contestar. En un computador alguien puso una canción de Bob Marley. Era una mañana cualquiera en la oficina.

Un jefe llegó del minimarket con un cupcake, aunque nunca supe si era un cupcake, un muffin o un brownie. Parece que era de arándano. De repente, se escucharon gritos que venían de afuera, muchos zapatos corriendo y una sirena policial. Todos salimos al patio a mirar. Era una marcha, y varios escolares corrían de los carabineros, que iban en autos y en motos.

Una reja separa nuestra oficina de la calle. Dos niñas, una pelirroja y la otra morena, vestidas de jumper, nos miraron a través de ella. Sonreían, pero no por coquetería o complicidad. Sonreían porque sabían —o al menos parecían saber— que en ese momento y en ese lugar, ellas estaban haciendo lo que tenían que hacer. Sostuvieron su sonrisa hasta la esquina, escapando tranquilas de la policía, cuando doblaron por la avenida y ya nos las pudimos ver más.

Después de un silencio atroz, donde ninguno se atrevió a mirarse, volvimos despacio a trabajar.

Por Cristóbal

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Ser otra persona

cazador

No son pocas las veces en las que uno desea ser otra persona. Algunos lo piensan cuando sienten envidia por alguien, otros cuando quisieran no estar en el lugar en el que se encuentran, presos de la vergüenza.

A mí me pasa que quiero ser otra persona en el peor momento, cuando ya no vale la pena. No me refiero a ser otra persona específica, como cuando alguien quiere ser James Franco o Marlon Brando (de joven), sino más bien quiero ser yo mismo, pero mejor.

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