Números

Tengo 25 años, 3 hermanos, 2 padres y una familia. 2 de mis 4 abuelos murieron, conocí a 1 bisabuela, y a muchos de mis parientes no los reconocería en la calle. 1 ancestro vino de Yugoslavia, otro de Cataluña y el resto no se sabe. 1 de mis tías se llama Silvia pero le dicen Gigi.

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Lanzamiento

Tener ímpetu y saltar de una desesperación a otra, parecen significar lo mismo el día de hoy. 

Decir me gustas, te quiero, te amo, requiere agallas y un poco de descontrol. Descontrol sobre tus propias emociones y desconocimiento de las de los demás. Porque cuando uno dice esas cosas, en realidad no le importan los demás. Sólo pretendemos fundirnos con nuestras propias ideas, todo lo que nos es placentero. Las agallas son porque también debemos estar preparados para que el otro no se sienta como nosotros, no desesperar y esperar —quizás— a que las cosas sucedan. Aún cuando nunca lo hagan. 

Ilusión y realidad fundidas en el mismo acto, desesperado y al mismo tiempo esperanzado, bipolar. 

Todos somos principiantes.

¡Se te van a ver los calzones!

A riesgo de parecer prejuicioso, voy a entregar mi observación personal sobre un hecho que creo afecta profundamente la vida de las mujeres. 

Como toda observación se cometen muchos errores a través de la tipificación del sujeto, es decir, meto a varias al mismo saco, pero no sin una razón aparente.
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Morir en la ruta

He fantaseado con esta idea desde los años en que tenía que tomar el bus a las 6:15 am para venir a clases a Stgo. En ese tiempo también pensaba que podría haber viajado durante mi época escolar a Stgo, para estudiar en el colegio que realmente quería estudiar. 

Arriba del bus con un silencio dominical, veía los rostros de las personas azulados por el color de la madrugada. Morenos todos o casi todos y nunca una niña se sentaba a mi lado. 

15 minutos después de la salida del bus desde el terminal, por Calle Larga los árboles de moras dejaban pasar los primeros rayos del sol entre las ramas. Mi cara recibía esos reflejos intermitentes como flashbacks de todas las cosas que podría haber hecho ese día. Este era el momento cuando comenzaba la sensación. Primero se me helaban las piernas, los músculos rígidos me dolían como si en cualquier momento fuera a quedar inválido. Luego las manos, azules y gruesas por el frío. Me las miraba. Volvía a mirar a la calle y los árboles ya no estaban, en su lugar grandes cerros y quebradas. Esperaba que algo desviara al bus y todos rodáramos cuesta abajo. Me imaginaba los cuerpos revolviéndose dentro, las cosas volando, la gente gritando sordamente. Los vidrios quebrándose eran mi parte favorita, porque sonaban más fuertes que cualquier otra cosa, estallaban como la presión que todas esas personas nunca más iban a volver a sentir en la vida. Si me preguntan a mí, todo ese jaleo, era un buen precio que pagar por no tener más preocupaciones. En mi fantasía yo no moría hasta el último minuto, primero veía todo y registraba los movimientos para llevármelos de recuerdo. Jamás me imaginaba mi funeral, ni lo que diría la gente de mí. Me gustaba la idea de ser uno más entre tantos. Era un accidente, probablemente no podrían culpar a nadie, porque no habría nadie a quien culpar. Sería uno de los cuarenta y tantos pasajeros y hablarían de los fallecidos y no de mí en alguna parte. Mi familia obviamente estaría triste, pero también se dejarían llevar por el efecto de tragedia de todo el asunto y lo superarían rápido. Es por esto que la opción me parecía mucho más atractiva que un suicidio, es más fácil aceptar una realidad de un accidente que la de la premeditación, para los que quedan vivos me refiero.

Ahora cuando me subo a un bus me preocupo mucho de ver las caras que se me cruzan, podrían ser mis compañeros de viaje al más allá. Espero que lo sean.

Día y noche

Hay una extraña pasividad, temo que roce con la locura.

Mientras en los edificios que rodean a mi casa las ollas se desgastan a causa de los golpes del descontento, en mi radio suena Mel Tormé, y los presentadores del programa insisten en referirse a él como un jazzista. No lo es. Es sólo música, que pierde su identidad en el momento en que es buena. No me importan los pianos, no me importan los violines ni el tono de la voz, es el todo el que me arrastra y me tritura, tal como las olas conviertan las rocas en arena.

Mientras recojo la ropa del colgador y a lo lejos veo la sombra escurridiza del fuego en alguna esquina, frenando el tráfico, creo en que el mundo es un buen lugar y nunca había sido tan bueno como ahora. En lo correcto o no, la gente ha demostrado ser más personas que nunca y en los medios pareciera que nada ha cambiado. Mi radio sigue tocando las mismas canciones y adquieren un cariz siniestro sin querer y es bacán. Es bacán ver que el país se acaba o al menos una parte de él. No recuerdo haber visto a tanta gente descontenta durante tanto tiempo.

Pero el sol sigue saliendo a la hora que se le antoja, y la noche enfría sin misericordia. A veces las nubes se abren y otras, se cierran.

Por Diego

Marchar

El frío duele, la lluvia pega, la gente ilusiona: gente grande, gente chica, una gente; gentes, toda mojada, toda junta, toda distinta y tan igual en la calle, empapada, feliz. El peor día del año es uno sólo y fue éste; el mejor día del año es sólo uno y —bah— éste fue.

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¿Qué será de ti Charlie Brown?

Nunca sabemos qué hacer, el que diga lo contrario es un mentiroso. Nunca nadie tiene las cosas claras. Nuestros padres, con todo lo bueno que puedan ser, son el mejor ejemplo de esto último.

Quisiera poder culpar a mi propia adolescencia de esta ignorancia, pero lo cierto es que se me está escapando como un día de verano. Antes, me sentaba en la entrada de la casa de mi abuela, obligándome ver el día convertirse en noche, pero jamás lo lograba. No existe en ese cambio un momento claro, simplemente aparece. Como todas las cosas que no veo venir.

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Agosto

Agosto siempre me ha parecido un mes de orden superior, es un poco más complicado que los demás. Es el mes en el que los gatos se dan duro sobre el tejado (amorosa y violentamente), el mes en el que los abuelos mueren.

Es malo agosto.

O quizás no, quizás agosto es como cualquier otro mes del año. No tiene feriados, eso lo hace menos amigable. También posee la temperatura más baja del año al parecer.

Es distinto agosto.

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A decir verdad

Me deprimo como todo el mundo, pero más seguido.

Las causas de esto son tan variables como inexplicables.

Puede estar deprimido porque las cosas no salen como quisiera que hubiesen salido,

tanto porque funcionan y no sé cómo hacer para seguir después de eso.

Es frustrante, pero también es mi culpa.

La culpa es otra cosa que me deprime.

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Los actores de la industria musical independiente

Contrario a lo que se podría pensar, la responsabilidad de una industria independiente no recae únicamente en las bandas, los sellos y sus esfuerzos. Son muchos más los actores que la conforman. Muchos de ellos prácticamente no existen o tienen nula participación en nuestro mercado.

La falta de estos actores, influyentes en el crecimiento de la industria independiente, es un símbolo de la falta de madurez de la llamada “escena nacional”.

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